El Rayo Vallecano realizó un homenaje a Pathé Ciss y Álvaro García en el partido de LaLiga EASports este sábado disputado en el Estadio de Vallecas frente al Athletic Club (1-1). El utrerano se convirtió en el jugador franjirrojo con más partidos en Primera División y el senegalés tras coronarse campeón de la Copa África de Naciones. Tras esto, la periodista Maite Martín del Diario AS, ha podido charlar con personas cercanas o que han influido en la vida del jugador rayista, Álvaro García, como su padre, su primer entrenador, su representante y con el lateral franjirrojo Jesús Diego Cota.
Álvaro García en los ojos de Cota
De esta forma describe, Jesús Diego Cota a su sucesor en cuanto a número de partidos: “Si no metes a Álvaro García entre los diez mejores jugadores de la historia del Rayo, ¿a quién vas a poner?”. También tuvo tiempo para bromear con el propio Álvaro: “Si yo fuese el entrenador, no te habría sacado para no quitarme el récord”. “Estoy encantado de que me haya superado Álvaro, porque cumple con todo lo que debe ser un futbolista del Rayo. Además de unas condiciones bárbaras, aporta compañerismo. Cuando lo necesitas, está. Es un jugador de equipo y me hubiera encantado tenerlo de compañero”, añadía el que fue lateral del equipo rayista.
Paco, el padre del futbolista sevillano echa la vista atrás a cuando Álvaro era niño: “Jugaba en todos lados: en el colegio, en el barrio con los chiquillos de su edad… Ahora hay pistas, pero antes eran dos porterías y albero”. “Álvaro se venía conmigo y se ponía en la banda con el balón mientras yo jugaba”, confiesa Paco. Desde crío ya se le veía algo distinto. La gente decía: ‘No puede correr tanto con lo chico que es”, asegura su padre. En prebenjamines y benjamines actúaba en otra posición: “Ahí lo ponían muy arribita porque, como era tan rápido, cada balón que cogía era gol”. Años más tarde, en el San Fernando y en el Rayo repetiría como delantero. Álvaro fue con su padre a hacer una prueba en el Betis cuando era juvenil, pero no se quedó. “Le descartaron porque era muy bajito”.
Uno de sus primeros entrenadores, quien le tuvo un año a sus órdenes ponía en valor las cualidades de Álvaro: “Destacaba en exceso. Era imposible dejarlo en el banquillo. Jugaba siempre”. “Una de sus grandes virtudes es que ha cambiado poco. Como persona, tiene una timidez controlada. Es muy llano, cercano y buena gente. Como futbolista, tenía una velocidad de jugador profesional y un desparpajo impresionante. Era un rayo y un currela”. A día de hoy sigue dándole consejos: “No firmó por las canteras de Betis y Sevilla porque era un canijo. Poca gente es capaz de llegar a Primera como él”, “Él jugaba muy abierto en banda y yo le insistía en que tirara más diagonales buscando la portería y el gol. Se lo sigo diciendo. Hay que ser un pelín más egoísta cuando tienes talento y él pecaba de ser demasiada buena gente”, añade.
Su padre seguía sus partidos alejado de la multitud: “Lo veía tranquilito en un rincón. Me decía mi mujer: ‘¿Cómo ha jugado el niño?’. Yo le respondía: ‘Bueno, podía haberlo hecho mejor’. Pero mi mujer replicaba: ‘¡Pero si ha marcado dos goles!’ Y yo finalizaba con un: ‘Pues podía haber hecho tres, ¿no?’. Me regañaba porque para mi mujer su hijo siempre es el mejor”. Paco es consciente del sacrificio que conlleva el fútbol: “El fútbol le ha costado mucho. Él no salía, se quedaba en casa o iba con Laura, su novia entonces y ahora su mujer, y no faltaba a ningún entrenamiento. Nos íbamos de puente y le tenía que traer de vuelta. Luego igual ni le citaban, pero nunca faltaba. Yo veía que era bueno, pero a los entrenadores les gustan mucho los jugadores grandes”, lamenta su padre.
Álvaro tenía algo y Montoya lo veía claro: “Cuando llegó a edad senior le intenté buscar un representante. Rafita coincidió conmigo en el curso de entrenador nacional, hicimos amistad y le dije: ‘En Utrera hay un canijo que corre…’. Vino a verlo. El primer día no le convenció, pero le insistí y el segundo le gustó. Me costó invitarle dos veces a comer”, cuenta el técnico, quien también tuvo el placer de entrenar a Ceballos. Utrera es cuna de grandes futbolistas, Reyes su máximo exponente, era el ídolo del extremo franjirrojo. “Lo del pueblo es digno de estudio. Se juega mucho en la calle y eso te da frescura y alegría. Además, la escuela municipal trabaja muy bien”, analiza Montoya.
Paco sigue trabajando en la carpintería que tiene en Utrera: “Álvaro prefirió el fútbol. Me lo llevaba en verano conmigo. Lo levantaba temprano, a las 07:30 horas, y le tenía hasta mediodía entretenido”, asiente su padre, quien desvela: “Muy buen estudiante no era. Laura era quien le animaba a continuar”. Acabó obteniendo el Bachiller, TAFAD y luego INEF. También Montoya tiene una «queja»: “Esa es una de las dos espinitas que tengo clavadas con él: que no haya pisado la Selección cuando ha hecho méritos y que no haya jugado en el Sevilla. Y eso que yo soy bético”.
Llegó en Vallecas en el verano de 2018. “Tengo grabado el día que fichó por el Rayo. Me llamó a última hora y me dijo: ‘Papá, voy a Santa Justa con el coche, que tengo un AVE para ir a firmar’. Veía que no llegaba. Me pidió que fuera para allá y recogiera su coche, para ganar el tiempo de tener que aparcar. Cogió el tren tres minutos antes de que saliese. Me dio las llaves y salió corriendo”, describe Paco. Se convertía en el fichaje más caro de la historia del Rayo en ese momento, tras pagar al Cádiz alrededor de cinco millones de euros. “El primer año fue complicado”, “El cambio le costó”.
No ir con La Roja es una de las cosas inexplicables de su carrera, a la que intentan buscar respuesta sus representantes: “Si Álvaro tuviese cuatro o cinco años menos estaría en la Selección. Por rendimiento inmediato, se ha merecido ir y ha estado muy cerca. Cuando empezamos con él, hace casi tres años, quisimos entender por qué su explosión había sido tardía. Cada jugador tiene su camino y Álvaro ha demostrado resiliencia. Ha sido un currante y ha ido paso a paso”. “Cumple de inicio o desde el banquillo y ha sacado adelante eliminatorias importantes en Conference. A base de trabajo, constancia y actitud dio la vuelta a un mal comienzo para ser un mito de la Franja”, dice Cota.
“Es complicado imaginarse a Álvaro sin el Rayo y al Rayo sin Álvaro. Lo normal es que termine su carrera en Vallecas. Ojalá sea así, porque es feliz”, sus agentes concretaron su renovación hasta 2028. El extremo tendrá 35 años. Su legado es el rayismo de sus hijos Álvaro y Vega. “La cría antes de hablar ya cantaba el himno del Rayo”, subraya su abuelo. “Ahora vamos a ver más a los nietos que al hijo”, cuenta Paco, quien hizo acto de presencia en Bratislava con familiares de otros jugadores. “Tenemos un grupo de WhatsApp con la familia más futbolera. Le han cambiado el nombre y es ‘leyenda del Rayo’.
Sus representantes lo tienen claro: “Me he encontrado a poca gente con su integridad en el mundo del fútbol. Es un chico muy normal, educado, alejado de los estereotipos. Álvaro es leyenda del Rayo porque, en momentos importantes, ha sido decisivo para lograr grandes objetivos. Además, su comportamiento en el campo es ejemplar. No tiene una mala palabra o un mal gesto”. “Siempre ha tenido mercado. El 80% de los equipos de Primera le querrían”.



