Guardar monedas sueltas en un tarro puede parecer algo insignificante, algo automático que se hace para no dejarlas en cualquier lugar de casa. Sin pensarlo, al entrar en el domicilio, se vacían los bolsillos y se guarda el dinero en metálico y no se repara en nada más, en la cantidad que se acumula. La sorpresa, positiva, puede llegar cuando se decida abrir el tarro, sobre todo si ha pasado mucho tiempo. El ejemplo más claro, lo que le ocurrió a un estadounidense que hoy tiene 91 años. El resultado, según contó su nieto, ha dejado a muchos internautas con la boca abierta, pues nadie se esperaba que el bote tuviera nada más de 2.000 dólares, casi 1.900 euros.
Así empezó todo…
¿Quién no ha tenido una hucha improvisada en casa? Ya sea una lata de galletas, un bote de proteínas o, si ya eres un poco más mayor, un cerdito de arcilla. En el caso de esta persona norteamericana, el recipiente elegido fue una jarra de cristal que empezó a llenarla allá por los años 50.
Entre las monedas más llamativas que se pudieron encontrar en la jarra estaban las siguientes:
- Un centavo de trigo de 1928.
- 77 centavos de trigo acuñados entre 1928 y 1954.
- Una moneda de 10 centavos Mercury de 1942.
- Dos monedas de 10 centavos de plata de 1963 y 1964.
Ese pequeño tesoro numismático no se quedó solo y es que junto a las monedas también aparecieron algunos billetes y otros objetos variados que se le llegaron a detallar por parte del nieto.
¿Cuál es el valor de las monedas sueltas realmente?
La cifra puede parecer modesta frente a los titulares de loterías millonarias, pero hablamos de calderilla: 152,5 libras de metal, unos 70 kilos, apiladas son orden ni concierto. Esto, traducido a euros, hace que la colección ascienda a 1.887 euros, un buen pellizco para disfrutar de unas vacaciones en familia por todo lo alto.
Lo más curioso de todo es que este norteamericano aguantó 70 años sin abrir la hucha, para conocer su botín. Algo que para muchos es impensable.
¿Cómo se vaciaron los 70 kilos?
El nieto contó que la operación para realizar ese proceso fue totalmente doméstica botella tumbada en el garaje, bloque de manera debajo y ligera inclinación hasta que el contenido deslizó a un cajón de plástico. Quince minutos después, el jarrón ya estaba totalmente vacío.
La escena, además de práctica, reunió a la familia en una actividad poco habitual para un día lluvioso: pasearon el metal clasificaron cada pieza y hasta se permitieron hacer bromas sobre retirar monedas anteriores al año 1965, aquellas que no muestran cobre en el borde, por su mayor valor en plata.
Las lecciones que se aprenden del ahorro
Guardar dinero suelto, conocido como calderilla, puede parecer un plan hormiguita lenta, pero la historia demuestra que los pequeños gestos siempre suman. Por tanto, antes de lanzarse a romper la hucha hay que tener en cuenta:
- Guardar el cambio en un recipiente trasparente para ver como sube el nivel y aumenta la motivación.
- Clasificar las monedas una vez al año, evitando así que el peso se convierta en problema y permita detectar piezas valiosas.
- Marcar un objetivo claro y que se pueda alcanzar, como, por ejemplo, tener un dinero de cara a la jubilación.
Estos hábitos ayudan a disponer con el paso de los años de un dieron que puede servir para afrontar un gasto imprevisto o la jubilación de una forma más relajada.
