Hay genios que no por serlo dejan de ser, también, excéntricos. En el mundo del cine hay unos cuantos; siempre los ha habido. Uno de ellos, considerado por muchos como el mejor actor de la historia, es Marlon Brando, con quien Robert Duvall coincidió en dos películas: ‘Apocalipsis Now’ y ‘El Padrino: Parte I’. Alrededor de Brando hay una gran mística desde hace tiempo, puesto que su carácter díscolo no le hacía atractivo para el papel y durante el rodaje mostró algunas de sus rarezas. Que Duvall ha confirmado: «Absolutamente todo lo que se dice de él es verdad».
Robert Duvall interpretó en la primera parte de ‘El Padrino’ a Tom Hagen, un abogado de origen irlandés que Don Vito Corleone, de quien hacía Marlon Brando, había adoptado como si fuera uno más de sus hijos. Y era, además, su consigliere; a la sazón, su mano derecha y consejero. Este parentesco les hizo coincidir en el set de rodaje no pocas veces, dejando [atención, spoiler] una escena icónica: la de después del asesinato de Santino, con una luz tibia y un whisky en la mano de Hagen y Don Vito apareciendo en escena para preguntar por qué llora su mujer y nadie le ha informado de lo sucedido.
Pese a todo, para Robert Duvall «era estupendo»
Robert Duvall recordaba también la escena en la que Marlon Brando dialoga en el jardín con Al Pacino, cuando decide retirarse (su personaje, no Brando). «Tenía sus diálogos colgados en un árbol. También se escribían en las invitaciones de la boda [con la que inicia la película], y luego teníamos que recortar», confesaba en la entrevista un actor casi centenario, que cumple próximamente los 95 años, y que después de compartir dos películas con Brando, por las que fue nominado a mejor actor de reparto, recibiría en 1984 el Oscar a mejor actor por ‘Gracias y favores’.
Profundizando en Marlon Brando más allá del personaje, y hablando de su manera de interpretar, Robert Duvall creía, en cualquier caso, que su compañero «era estupendo». Aunque mostrase cierta indolencia en su manera de trabajar, lo que llegaba a desesperar a cualquiera, todo para él tenía una razón de ser, como Duvall declaró en el programa ‘Late Night with Seth Meyers’ hace ya más de una década. Según explicó, la clave para quien tan bien hizo de Don Vito Corleone estaba en que los textos había que interpretarlos, no aprendérselos; esa era, según él, «la clave del oficio», y de ahí que muchas veces sucediera lo que en ‘El Padrino’, que los diálogos eran colgados a su alrededor para que, al menos, les echase un vistazo.
La improvisación de Marlon Brando que es historia
Fruto de esa manera de hacer las cosas, tan bohemia, aunque controvertida, ha pasado a la historia una escena por encima de todas en esa misma película: la que da inicio a todo. Obviamente, al tratarse del comienzo del film, había un guion, pero el gato que acaricia Marlon Brando, tan icónico que hoy todo el fan que se precie del cine sabe de él, no era parte del atrezo planteado para grabar, sino que era un gato callejero que merodeaba por el set de rodaje y que Francis Ford Coppola le sugirió que agarrase. Él, en cambio, decidió acariciarlo… lo que gustó tanto al felino que ronroneó y el ruido comprometió la escena.
Pero hay más; no es esa la única vez que hubo un salto en el guion de ‘El Padrino’, como bien se supo con los años. En el momento en el que Johnny Fontaine aparece en la boda de Connie, cuando se reúnen en el despacho de Don Vito, antes de que pronuncie eso de «le haré una oferta que no podrá rechazar», hay otra improvisación. Mientras Al Martino (el actor) solloza, Marlon Brando le da un sopapo y le imita («no sé qué hacer, no sé qué hacer»; dice, con tono de burla), algo que no estaba tampoco escrito, y que a Robert Duvall le hizo tanta gracia que su risa apareció incluso en el rodaje final.
