Tras cuatro meses en Lituania, el último de ellos pleno de nieves (ya se sabe, año de nieves año de bienes) y temperaturas bajo cero, mi hija llegó a casa y después de festejar, pasear y recuperar el tiempo perdido se resfrió. Ha visto el partido con febrícula y el calor del hogar.
Tras cuatro meses de idas y venidas el Rayo Vallecano, orgullo del barrio y con billete directo para la primavera europea pagó caro los esfuerzos, la tensión competitiva y volvió a la realidad con un sonoro bofetón tras el bajón que sucede a la euforia.
El Rayo cayó 4-0 ante un Elche más fresco, más preparado y acertado. Eso es todo. Hector Fort desbordó a Pep Chavarría como si fuese Lamine Yamal y adelantó a los locales antes de merecer lo que luego logró por propuesta, ambición y dinamismo.
La franja, afectada por un brote agudo de «singolitis» supo que estuvo perdida en ese momento. Cuando todo lo que puede salir mal sale mal no hay mucho más que contar. Ivan Balliu se lesionó en un sobreesfuerzo y el recurso ofensivo que quedaba en la tarde de perros ilicitana tenía que salir a la cancha demasiado pronto.
Los de Iñigo cuajaron una primera mitad correcta pero faltó mordiente en ataque. El jugador que más remató a puerta en el primer acto fue Óscar Valentín.
En la segunda parte todo cambió. A peor.
Fatigados por tanta entrega de ilusión, emoción y belleza los pajes de los Reyes Magos Jesús, Wilfred y Óscar comenzaron a cometer errores en las entregas y en la ciudad de las palmeras pudieron celebrar la llegada de balones. Muchos de ellos fueron empujados a las redes para alegría de los ilicitanos que celebraban la llegada de la lluvia anunciante de la Navidad.
Para el aficionado al primer equipo rayista el 2025 ha sido un regalo inesperado. Sus jugadores y cuerpo técnico se portaron tan bien que merecieron un otoño pleno de viajes por el continente donde expandir su mensaje de valentía, coraje y nobleza y navegar con su vieja y destartalada embarcación de franjas rojas. Miles de vallecanos de nacimiento o corazón vibraron por Goteborg, Bratislava o Byalistok y vivieron la emoción y dicha de tal viaje donde hacer lo que el gen rayista implica, compartir, ser generoso y ayudar al compañero de colores
El resultado dio igual, como en Elche.
Lo importante fue, es y será estar juntos. Quererse mucho, ya sea en la grada, el verde el bar o el hogar fue, es y será necesidad y devoción.
Felices fiestas, rayistas. Se viene un 2026 muy emocionante. Disfruten.
