Te lo dejo escrito, Presa: «Primero, quiero pedir disculpas. La intención era buena; el césped anterior no estaba en condiciones, como habían manifestado en varias ocasiones entrenador y jugadores. Había que cambiarlo. Pero me he equivocado. Porque nunca debí empezar a sustituirlo sin tener garantías de que iba a estar a tiempo para el próximo partido. Entre que la gestión ha sido lenta y que el clima no ha ayudado, no he llegado a tiempo. Asumo la responsabilidad, como máximo mandatario. Y reitero mis disculpas, por una imagen impropia del club y de la categoría. Nos ponemos a disposición de las autoridades para acatar lo que consideren oportuno«. En eso se resume. Podría ser así de sencillo. Pero no sucederá.
Aviso a navegantes: le van a intentar tomar por idiota. Una vez más. La culpa será de todos, menos de Presa. Cómo se va a equivocar, si nunca se equivoca. Hablamos del hombre que circula en dirección contraria y piensa que los kamikazes son el resto, no él. Vaya tela, la gente no sabe conducir. Cómo están las cabezas. Me imagino que para reforzar esa mentalidad adornará su domicilio un póster con tipografía de Mr. Wonderfull: «El primero que dijo que la tierra es redonda, también estaba solo». O algo similar. A veces, en la vida hay que ser menos intenso y más práctico. Más autocrítico. Pero no será el caso. La culpa será de la San Silvestre. O de Pathé Ciss. O del 8-M. O del tiempo. O del perro, que se ha comido los deberes.
Nunca de Presa, cuya gestión es impoluta. Pasen y vean. No hay venta de entradas online (a 2026, ¡2026!). Con una red de vóley-playa, digna de una familia que veranea en Conil, para separar a la afición visitante. El primer equipo ha tenido que irse a entrenar fuera de la Ciudad Deportiva -y a un campo artificial, a días de jugar en el Bernabéu-, porque su césped era un patatal. Y llamarlo así es ser generoso. Por no mencionar los de las categorías inferiores; eso ya entra en el rango de ‘campo de minas’. Si suben a la cafetería, sepan que sólo se puede pagar en efectivo (¡2026!). Pero antes, pasen por taquilla: a los padres se les cobra por ver jugar a sus hijos.
Más, más. Volvamos al Estadio de Vallecas. Hay extintores con excrementos de palomas que vieron los mejores regates de Onésimo. Y ahí siguen. El marcador está estropeado, probablemente, desde aquella época. El fondo continúa con una lona en memoria de las víctimas del Covid (sí, sí… ¡2026!). Y a su lado, las banderas de Europa, Comunidad de Madrid y España han ido desgastándose, hasta caerse, sin que nadie las cambie. Qué falta de respeto a la patria. Es que ni eso se cuida. Pero bueno, culpa de Pedro Sánchez.
En el vestuario, no hay agua caliente. Y no se puede homenajear a Pathé Ciss en un día de luto, por favor; pero sí se puede hacer un espectáculo de DIGI. Duelo selectivo. En el palco, se acomoda la ultraderecha, esa que calificó al barrio de «estercolero multicultural». Invitada y reinvitada, pese a que la negativa social es un clamor. Y en los accesos, colapsos en cada partido. Mala distribución de los tornos, sin que nadie lo solucione.
Por no hablar de la ilusión. De lo social. ¿Habéis escuchado el himno del Centenario del Rayo Vallecano? Pues eso. Y ya no es dejadez, es voluntad de ir en contra: la afición solicitó que, en ausencia de este, se reprodujese ‘El Rayo fui yo‘, de Duro Galván, por la megafonía y antes del debut del EuroRayo. Una -bendita- composición extraoficial… que se ha encontrado la negativa de siempre. Para qué ceder. Por otro lado está la tienda oficial, con maniquíes desnudos en su escaparate, en días de partido. Y prendas acordes a la voluntad de la calle: si la gente quiere Franja y no rayo, ahí tienen rayo. El cliente nunca tiene la razón. Así con todo. Culpa de Míchel. O del cambio climático.
Lo escribí y lo repito: Presa vive dándose golpes en el pecho al considerarse buen gestor, por dirigir un equipo que está en la élite. Cuando no es más que la perfecta demostración de que no hace falta ser el mejor capitán del océano para dirigir un gran navío. Ojalá fuese consciente de cuánto mérito en la situación del primer equipo tiene la gente que le rodea. Cuánto mérito en el rumbo reside en el sudor silencioso de la tripulación, no en quien lleva el gorro con la pluma. Que al menos sirva de inspiración: se puede llegar muy arriba, sin necesidad de ser especialmente brillante.
Siete horas después de la suspensión, el Rayo sigue sin emitir ni un solo comunicado oficial. Se ha limitado a copiar el publicado por LaLiga y replicarlo en Instagram, firmándolo como propio. Un retweet de Aliexpress. Hay que ser cutre. Nadie da la cara. Nadie está a la altura, en ese Olimpo de impostores, sin síndrome del impostor. Un ademán de teocracia sonrojante. A la ineptitud de Presa, se suma un círculo de palmeros que ni amagan con decirle que se equivoca, cuando lo hace flagrantemente. El Rayo lleva tiempo siendo un milagro. Pero es que ahora, también es un peligro. Algún día pasará algo en el Estadio de Vallecas y eso se sabe -y asume- en el barrio. Como los jugadores han percibido que en estas condiciones, algún día les iba a pasar algo. Y han decidido parar.
El vestuario debería contemplar seriamente la posibilidad de una huelga, si no se garantizan cambios de profundidad. Trejo marcó el camino y pocos le siguieron de verdad. Eso sí es estar solo, como el primero que dijo que la tierra es redonda. Ser valiente. La reacción de la plantilla llega tarde, pero al menos llega. Y es que se ha tocado fondo. El asunto ha pasado de castaño oscuro. Presa es un peligro para el Rayo Vallecano. Lo es para su afición y para sus jugadores. Esto ya no es una cuestión de que te convenzan más o menos los fichajes, es una ausencia de servicios mínimos. De seguridad en los recintos. De progreso básico. De pisoteo a lo social. Presa debería marcharse por el clamor popular. Pero es que incluso si no quiere, debería marcharse por amor propio. Por no seguir dando dar la imagen que está dando. Una indigna de la institución, de la categoría y de un empresario capacitado.
El aplazamiento ante el Oviedo es el acabose. Un punto y aparte. Una Liga seria daría el partido por perdido al Rayo. Es el responsable de una negligencia tan sonrojante como es no tener el césped en condiciones para la disputa de un partido. Lo último que necesita Presa son cómplices. Los tiene. Así está el panorama. La imagen de la competición, consintiendo y justificando algo así, es deplorable.
Aviso a navegantes: les van a intentar tomar por idiotas. Dirán que es culpa de la San Silvestre. O de la borrasca Oklahoma. O de esta sociedad en la que ‘ya no se puede decir nada’. Será culpa de todos, menos del culpable. Un alérgico a la autocrítica. Presa. Pero esta gota no es una más. Es la que parte el vaso.


